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Guía informativa

Los primeros noventa días al frente de un equipo

Un recorrido orientativo por las tres etapas iniciales que suelen atravesar quienes empiezan a coordinar un grupo pequeño de personas.

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Semanas 1 a 4: observar antes de actuar

Las primeras semanas suelen caracterizarse por la tentación de cambiarlo todo rápido. Sin embargo, entender cómo funciona realmente el equipo, quién asume qué rol de forma informal y qué dinámicas ya existen, suele ser más útil que introducir cambios inmediatos.

Es habitual que en esta etapa surjan dudas sobre el propio criterio: ¿debería intervenir en esta decisión o dejar que el equipo la resuelva solo? No hay una respuesta única, pero sí preguntas que ayudan a decidir caso por caso.

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Semanas 5 a 8: establecer las primeras rutinas

Una vez comprendido el contexto, suele llegar el momento de introducir estructuras ligeras: reuniones breves de seguimiento, criterios claros para repartir tareas o un canal definido para comunicar prioridades.

En esta fase también empiezan a aparecer las primeras conversaciones incómodas: ajustar expectativas, señalar algo que no está funcionando o mediar en un desacuerdo entre compañeros.

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Semanas 9 a 12: consolidar el propio estilo

Hacia el final del primer trimestre, muchos responsables primerizos empiezan a reconocer qué parte de su estilo de liderazgo funciona y cuál conviene ajustar. Es un buen momento para pedir una devolución honesta al equipo sobre cómo se está viviendo el proceso desde el otro lado.

Esta etapa marca también el paso de "estar aprendiendo el rol" a "ejercerlo con cierta soltura", aunque las dudas y ajustes continúan mucho más allá de los primeros noventa días.

Nuevo responsable de equipo en su primer día observando la oficina
Errores frecuentes

Situaciones que suelen repetirse en esta etapa

Querer demostrar valía haciendo el trabajo técnico del equipo en lugar de coordinarlo. Evitar las conversaciones difíciles esperando que el problema se resuelva solo. Tratar a todo el equipo de la misma manera, sin adaptar el estilo a cada persona.

Ninguno de estos patrones es un fracaso personal. Son reacciones comprensibles ante un rol nuevo, y precisamente por eso este programa dedica tiempo específico a reconocerlos y trabajar alternativas concretas.